lunes, 14 de abril de 2008

EL SÍNDROME DE LAS VENTANAS

Por Fernando Trías de Bes

Este artículo nos habla sobre las diferentes tareas que podemos llegar a hacer de manera simultánea y los efectos que trae consigo. Lo titula el “síndrome de las ventanas” y desde mi punto de vista me parece un título muy acertado.

Cuando nos sentamos frente a un ordenador o en otros aspectos de la vida cotidiana, no realizamos única y exclusivamente una labor, no. Hacemos un trabajo, escuchamos música, chateamos, buscamos información en Internet, jugamos, hablamos por teléfono, preparamos la cena, vemos la televisión, mandamos un mensaje,…

Podemos realizar varias actividades a la vez pero, ¿tiene el mismo efecto y resultado que cuando nos concentramos en una tarea sola? Por supuesto que no.

Nos estamos creando la mala costumbre de hacer las cosas sin profundizar en el tema, sin dedicar el tiempo necesario para llevarlas a cabo.
Nos empeñamos en hacer todo a la vez porque así nos sentimos más útiles, para aprovechar bien el tiempo.

La vida pasa muy deprisa y cuando nos queremos dar cuenta vemos los errores que hemos cometido, el tiempo que hemos perdido en querer hacer todo y nada a la vez.

No pretendamos ser máquinas pues para ello ya existen.

Desde la educación, la escuela, deberemos concienciar a los alumnos, a los padres, a nosotros mismos sobre este respecto. Profundizar más, ralentizar el reloj, el tiempo, aprender más y no dejar que pase la vida como un suspiro. Dar prioridades, dedicar más tiempo, concentrarnos más en aquellas actividades que más nos interesan. Todo desde la escuela, la familia, la sociedad en general.

Enseñar a los alumnos a distinguir entre lo que más nos interesa y lo que menos, encontrar palabras clave, que subrayen lo más importante, prestar más atención en lo que hacen,…

Está en nuestras manos como futuros maestros, educadores y para ello deberemos tenerlo muy presente, pues estamos inmersos en este mundo lleno de grandes cambios, para poder mostrárselo a los demás.

Muchas actividades en muy poco tiempo. Todo tiene un ritmo, al igual que las personas.
No hacer por hacer, por ocupar el tiempo; no querer hacerlo todo a la vez sino disfrutar de lo que haces, y para ello es necesario dedicarle su tiempo, nuestro tiempo.